Thursday, August 15, 2013

El primer paso para sanar: Aceptar el Dolor

El amor dura para siempre, el amor de madre especialmente, ese fuerte y eterno que nos une a ellas. El amor nunca muere aunque haya un abismo entre lo vivo y lo inherte. Ese amor de madre siempre está latente. Y por ello nuestros corazones necesitan amor, en particular ese amor de madre. Ese amor que ellas nos dan incondicionalmente y verdadero desde esa semilla formandose en su vientre y que con trabajo detallado cuando se consagra ese día del nacimiento en el momento en que nos vemos en los ojos de aquella madre, cuando nos sentimos cobijados por su amor, el amor de madre es que no muere jamás.

Pero que hacer cuando nuestro corazones y nuestra alma están partidos, quebrantados y agrietados por la ausencia física de la madre, por la pérdida de ella?  Es mi pregunta constante. Y una y otra vez me digo, será que nuestra alma se puede curar de nuevo con tal pérdida?  Esas preguntas son las que me inundan constantemente desde que perdí a mi Madre, Maite con su nombre de pila: María Teresa Ortiz Arango. Ella madre de tres, abuela de dos tesoros, hija, hermana, amiga y fiel compañera de mi camino. Ella mi mama.

Estas líneas, estas memorias a veces dolorosas y otras felices, son la suma de mis días. Uno tras otro desde que la supe enferma por su fibrosis pulmonar y casi ya vencida en sus últimos días aceptando que su hora llegaba. Que su tren ya estaba en camino para el nuevo viaje ese liviano y sin muchas maletas. En el que la recuerdo a ella con sus pulmones debilitados y su corazon a media marcha. Ella en sus días finales enteramente digan y aun que no muy tranquila aceptando su momento dejando que Dios tomara control de lo que era ya inminente. Ella dedico su tiempo final a despedirse y a hablar con sus hijo acerca de ese desprendimiento terrenal tan brutal y tan duro de aceptar.  Ella en sus ultimas horas lista casi de color dorado iluminada por la luz de la vida eterna, lista para poderse despedir de todos y cada uno de sus hijos y familia, para acogerse en la voluntad de Dios.  Hasta que llego ese momento fuerte pero de paz. ese momento en que literalmente nos dijo me voy y ahi les queda mi legado. Pues bien, Estas son palabras que expresan mi dura perdida, la de la madre, la de la Amiga y la de la Mujer que me dio la vida; con la que caminé 39 Años paso a paso y la que entregue a  Dios no hace más de dos meses.

Estas son palabras que quieren dar un testimonio. Que tienen un sentido de ausencia y dolor, pero que buscan esperanza al hacer mi duelo.  Palabras que reflejan mucho amor por celebrar su legado, su presencia en mi, en mi hija de solo 11 meses y en mis hermanos. Son un testimonio de vida la que debo llevar dignamente por ella mi madre y por mi fuerte y perseverante. Por Ella y su amor desinteresado y total de una madre quien lo dio todo. Este es pues su legado. 

Para empezar aceptando pues ese duelo, ese dolor que inunda el alma y que nos trasforma... Puedo decir que El duelo o el dolor es algo complejo de manejar y aunque terrible para mi, me ha dado una nueva perspectiva de la vida. Me ha ido desarrollado a un nivel elevado de compasión y de sensibilidad increíble desde ver a mi madre decaer y desvaneser, hasta aceptar que ya nada era posible hacer, solo esperar la voluntad de Dios. Y es que su muerte aquel 29 de Junio de 2013, es un milagro de amor, de vida, es una historia hermosa y un testimonio real de Fe, Aceptación, de entrega para dejar ir, aprender a vivir, agradecer, resolver, revivir, y entender que la muerte misma de ese cuerpo físico no nos puede robar la inquebrantable unión de ese amor de madre aún en la eternidad.

Este escueto bosquejo que hoy toma forma en busca de poder sanar el corazón, no es más que para dar Fe de como sí se puede saber vivir con la madre en el cielo guiándonos sin dolor y con mucha alegría por su legado. Y de cómo podemos dejar ir o soltar a ese ser sin reproches y arrepentimientos para que nos pueda guiar con su luz celestial desde la vida eterna, sin necesidad de sentir dolor, con la alegría de sanar el alma y poder continuar el camino con dignidad y amor.

Entonces el primer paso para poder sanar ese corazón partió es aceptando el dolor. Ese dolor que nos come por dentro y que no nos deja salir de la angustia por esa gran pérdida. Es necesario llorar, llorar con sinceridad, con dolor profundo para dejar ir la tristeza, con un llanto que no tenga arrepentimientos. Un llanto de dolor por la gran pérdida que nos desmorona y nos deja completamente agotados al querer revivir todo lo vivido. Pero es una llanto más que necesario para poder acepar el duelo.  Es la manera más íntima de poder sanar. Con llanto íntimo podemos liberar el alma a ese nivel de entendimiento por las emociones y por la frustración de los hechos mismos. A principio en mi viaje de emociones de esos primeros días era un llanto de dolor con un sentimiento de abandono, de soledad misma, de miedo y de angustia por miedo a olvidar el rostro, olor o voz de mi mama. Que dolor que dolor tan grande. No hay literalmente palabras para expresar que duro es. Es simplemente vivirlo y vivirlo como venga. A veces llega a mi como de repente y me envuelve en ese ir y venir de emociones, pero se debe sentir sentir puramente. No hay más nada que hace sino dejarse llevar por ese momento tan íntimo de dolor y literalmente saborearla ese sin sabor de la pérdida tan grande. Es ser honesto con uno mismo y dejar que ese sentimiento florezaca y se haga sentir.

Aquí esta el mensaje central de este legado. Cuando esta muy pero muy oscuro en el cielo, es cuando uno realmente puede ver las estrellas clarmente. Especialmente en esas noches de invierno frío y largas, es oscuro pero claro aquel cielo para ver las estrellas. Entonces cuando estamos experimentando esa pérdida tan grande, ese dolor tan oscuro, tan fuerte... Por dura que se esa perdida, ese dolor nos puede cambiar la perspectiva y el lente de ver la vida. Igualmente cuando se pierde a alguien como la madre, se llega el momento de ver verdaderamente lo que es importante para la vida cotidiana. Estas palabras me las dijo mi mejor amiga Ana, cuando mi mama se preparaba para irse y yo aprendía a desprenderme. Hoy doy fe de ellas, y a travez de experimentar mi dolor, mi tristeza, le encuentro sentido a lo que realmente vale la pena, y puedo ver con claridad las estrellas en medio de mi oscura realidad por no tener a mi mama. Definitivamente las estrellas no están sólo mas claras, ellas brillan más y se ven más hermosas en ese cielo oscuro. Con ellas brillando a lo alto nuestro acentos navegaron los mares para llegar a un destino con tan solo mirárlas. Entonces por ellas, por el brillo y lo bello de cada circunstancia; por la pérdida de mi gran amiga, mi madre, mi Maite, es importante aceptar  y vivir el dolor con la esperanza de navegar por un mar de emociones con el firmamento guiándonos para aclararnos lo que es versadamente importante. Y que ello nos ayude a definir  donde estamos y para adonde queremos ir.

Reflexión: yo acepto mi dolor, me siento abandonada, me siento triste y me inunda mi llanto... Pero ello es el comienzo de una nueva vida, un nuevo Yo. Mientra aprendo a sortear este dolor el mensaje está en que la perspectiva es diferente y que el dolor mismo me ayuda a sanar para encontrar un nuevo comienzo, un nuevo camino para sanar mi corazón. 

Con Cariño, en honor a Maite! 

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